Comer y beber en Barcelona (bares,resturantes, coctelerías…)

Me apasiona comer, y beber,por supuesto. Vivo en Barcelona, donde existe una aparentemente inabarcable oferta gastronómica repleta de  lugares donde degustar y saborear todo tipo de platos, vinos y cócteles… Pero, ¿sabéis qué? la verdad es que resulta extremadamente difícil encontrar esos sitios maravillosos y con personalidad donde la  calidad, el servicio y el espacio están  en equilibrio y concordancia con el precio. En general, no hay término medio en la cocina barcelonesa: o lo muy bueno a precio muy caro, o lo malo  a precio medio.

Sin embargo, con el paso del tiempo uno va descubriendo lugares especiales y maravillosos, muchos de ellos escondidos o incluso secretos, dónde conocer nuevos sabores o rememorar platos y tragos de toda la vida. De esos fantásticos sitios o serendipias del paladar es de lo que trata este blog, de identificarlos y compartirlos,porque como dijo un gran amigo mío: “Los bares son, por tradición,  sitios donde la gente va a ser feliz”; y así debe seguir siendo…

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El vaso de oro

Tras 4 meses de verano “buenaventurado” en medio del “desierto” cordobés,  alejado de la convulsa y macro poblada ciudad condal; regresar a la urbe conlleva un deseo inquietante,sobre todo para el bolsillo, de acudir de nuevo a los sitios conocidos dónde saborear, sin posibilidad de error, nuestros platos o tragos preferidos.

Es cierto que la ciudad no se detiene ante nada ni nadie, y resulta increíble  la cantidad de nuevos locales de diferente índole que aprecio mientras paseo por la ciudad; especialmente en mi barrio, Poble Sec; dónde el ritmo de traspaso de bares y restaurantes es frenético.

Uno de esos lugares míticos dónde degustar platos concretos con excelente resultado para el paladar es el Vaso de oro. Situado en la calle Balboa, casi haciendo esquina con el paseo de Borbón, es ésta una taberna inaugurada hace más de 50 años con una curioso estilo a caballo entre una cervecería alemana, un bar clásico de tapas y el camarote de un barco con toda su tripulación ataviada al más puro estilo “vacaciones en el mar”. Una curiosa y divertida mezcla que antes de abrir la boca para tomar lo que sea ya le otorga al sitio una consistente diferenciación.

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Lo primero a destacar es que no haya mesas, sólo banquillos en la barra, cosa que valoro muy positivamente como defensor a ultranza del “cañeo itinerante” o “pincho-pote” activo. Me explico. Sentarse en una mesa implica,por lo general, una relajación que nos hace empezar y acabar de comer en el mismo sitio, y por lo tanto zanjar el placer de comer en un menor espacio de tiempo. Es una costumbre mucho más arraigada en Cataluña, lo de sentarse, que en otras regiones de España, claro está. Y aunque cada uno tiene sus gustos y preferencias, y bien está, yo prefiero alargar lo máximo posible el placer de tomar cañas y degustar tapas, tanto el tiempo como en los espacios…

Vayamos al grano.

Tiran las cañas estupendamente. Buena cerveza estilo lager o malteada en vaso fino alargado(flautas las llaman), bien fría y con su merecido pequeño tiempo de reposo antes de darle ese golpe de densa espuma que tanto nos gusta a los buenos “cañeros” y que tan poco se practica en esta ciudad: a saber por qué…

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Su carta de platos, sandwiches y tapas es bastante curiosa por sus enormes diferencias tanto en cuanto a la calidad como al precio; no tanto en cuanto a la cantidad, ya que las raciones son bastante “justitas” sin llegar al minimalismo ofensivo de otros lugares.

En este sentido y tras haber acudido ya en varias ocasiones, me parecen mediocres la mayoría de sus tapas( ensaladilla, chocos, atún con tomate, pinchos, morcilla…) y apetitosos a la vista sus diferentes sandwiches, y sus costillas a la plancha con verduras, aunque nunca los he probado.

Lo que hace al vaso de oro un sitio absolutamente recomendable y merecedor de este artículo es sin ninguna duda su solomillo de ternera a la plancha con foie y cebollita. Es el plato más caro de la carta     ( ¡23 eurazos! ), y eso es caro objetivamente en relación a la cantidad, que no a la calidad y a la preparación, sublime; y no es que lo diga yo, lo dicen “los pelos como escarpias” que se nos ponen a todos cuando lo probamos. Caro sí, pero absolutamente delicioso.

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Una gran amiga me dijo una vez una frase que debería convertirse en una ley absoluta a la hora de elegir dónde ir a comer y qué pedir:

“A los sitios hay que saber a lo que se va, y si lo que merece la pena de un sitio es el chuletón con patatas fritas y pimientos, pues hay que pedir eso exclusivamente, con una cerveza o dos y listo”

Pues bien, al vaso de oro hay que ir a comer el solomillo con foie, con una caña o con dos, claro está…  y punto.

El vaso de Oro

calle Balboa nº6,

Barrio de la Barceloneta,

Barcelona

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Las calçotadas y Can Pradell(“el Paller del Paco”)

Barcelona es una ciudad de modas. Ya lo he comentado otras veces, pero es que esta característica de la ciudad me sorprende de una forma tan constante y contundente que a veces me enfurezco de forma frenética e irracional. Sorprende el hecho, más si cabe, teniendo en consideración que es la capital de una región que defiende como pocas su diferenciación y autonomía, y cuya principal herramienta de contención frente a los cambios vertiginosos de esta sociedad depredadora y global es la defensa férrea de su lengua y sus tradiciones.

Sin embargo, las modas se imponen a ritmo frenético y voraz, como es el caso ya comentado de los locales especializados en burguers o en gin&tonics, cuya proliferación en los últimos años se ha vuelto casi ridícula, pero que satisface de forma contundente y mayoritaria a los consumidores de esta “moderna” ciudad.

No quiero decir con esto que repudie o crucifique dichos productos; puesto que los que me conocen saben de mi histórica pasión por esa fantástica bebida refrescante, tradicional y polifacética en combinaciones como es el gin&tonic. Sino más bien que me fascina y  entristece a partes iguales como la maquinaria publicitaria y el marketing global son capaces de conseguir que a todos nos guste lo mismo; cuando curiosamente lo que parece que perseguimos es la diferenciación.

Precisamente este es un blog de excepciones, o intenta serlo. Lo que nos mueve es ser capaces de encontrar lugares diferentes en cuanto a  su propuesta gastronómica, pero también en cuanto a su naturaleza más primaria: “el tema es el concepto” que decía reiteradamente Manuel Manquiña en la divertida “Airbag”, de Juanma Bajo Ulloa.

Y sí, el mundo está globalizado, pero las buenas costumbres deben promoverse y mantenerse  porque son especiales, propias, llevan adheridas una riqueza emocional que no tiene precio y que ni la hamburguesa de kobe más jugosa del mundo podrá jamás igualar.

En Cataluña, las “calçotadas” son a mi entender la tradición gastronómica que con mayor fuerza inquebrantable resiste el impacto de tanta tendencia gastronómica llegada de fuera o de dentro:  que la cocina creativa de autor también tiene su miga….

Es increíble, como cuando llega la temporada de calçots (desde principios de Diciembre hasta finales de Marzo; siendo Febrero y Marzo los meses estrella) todo amante de la gastronomía y habitante de estas tierras se entrega a darse el festín, fin de semana sí, fin de semana también. Ir de “calçotada” es una fiesta social que un día se hace con amigos del trabajo, otro con la familia, otro con el club de amates de los tonners o con los seguidores de las tiritas; o con quién sea; cualquier excusa es buena.

Para el que no lo sepa aún, los calçots son una cebollas dulces,blancas y alargadas que se hacen sobre un fuego de brasa pero con llama, quedando la piel de fuera quemada, pero cocidos, dulces y tiernos por dentro. Fuera modernidades y estupideces, es una comida en la que hay que mancharse los dedos: se comen con las manos y se mojan en salsa de calçot, muy similar al famoso “romesco” pero menos espesa. A continuación de los calçots, el menú típico continúa con carne y butifarras a la brasa junto a los omnipresentes, Dios los bendiga, pan con tomate y all-i-oli.

 Dado que la mayoría no disponemos de un terreno o parcela en el campo donde desarrollar de forma auténtica y casera tal fiesta gastronómica; la búsqueda del sitio más adecuado se hace de forma absolutamente masiva y generalizada; como no.

Podemos encontrar sitios de toda índole, aunque me gustaría destacar los 3 más representativos. Los primeros, queden por favor absolutamente descartados, son aquellos restaurantes “bien puestos” de mantelito fino y servilletas de tela, que aprovechando el tirón comercial de esta famosa y puntual tradición gastronómica se lanzan a servir calçotadas en sus convencionales salones; ofreciendo guantes de plástico a los comensales para que no se manchen las manos al pelar los famosos calçots. Eso no es tradición; el babero sí! Aunque algunos insensatos pasen de él.

El segundo tipo, aunque ciertamente menos despreciable y casposo que el anterior, son las macro masías (Masia Can Borrell p. ej.)donde bajo el mismo espíritu comercial de hacer fortuna, habilitan cualquier estancia para poner grandes mesas y bancos de madera donde poder alojar a los comensales ávidos de calçots. He estado en más de una donde dan de comer a varios cientos de personas en ambos turnos de 13h30 y 15h. La comida regulera, un servicio pésimo, ambiente de comedor de bodas y bautizos y, sobre todo, un ruido ensordecedor. Tiene una la sensación constante de escuchar un inquietante zumbido en el oido: redrum, redrum, redrum….Espeluznante.

 Y ya por fin, están los sitios auténticos, los que se mantienen fieles a la manera de ser de sus dueños, a su caracter, a la tradición y, menos mal, a las características y recursos del espacio hábil. Ahí está Can Pradell, ahí está “el Paco”.

El paco, su mujer, su hijo, todos igual de amables, igual de atentos, igual de personas. Campechanos, divertidos y auténticos. Como el pequeño restaurante rural que regentan, situado en medio del parc natural del montnegre-corredor,  con capacidad para unas 35 personas.  Un emplazamiento fantástico en medio de la montaña para evadirse de los agobios de la ciudad, darse un buen paseo y pegarse un homenaje de calçots sin prisas, ni agobios. Paco no te echa a ninguna hora. Paco te saca las botellas de orujo y limocel-lo, que destila el mismo,  y deja que disfrutes una laaaaarga sobremesa.

Es importante remarcar que todos lo años Paco planta y cultiva sus propios calçots, y puedo asegurar que los del pasado fin de semana estaban tiernísimos (se comían hasta la parte de arriba del calçot) y sabrosos; igual que salsa casera, también acertada en sabor y densidad. Las parrilladas de carne me parecieron correctas en cantidad y calidad: muy buenas las butifarras blancas y negras; rico el pollo a la brasa; que cada día me gusta más; correcto sin más el cordero y, eso sí, duro como un zapato las piezas de churrasco, la única pega que se le puede poner…

Algunos dirán, sin embargo, que el servicio es un poco lento. Yo opino que en según que tipo de comidas la lentitud es  beneficiosa e incluso deseable; puesto que el placer de la comida y la compañía duran más. Que queréis que os diga, a mi una comida con sobremesa que dura hasta las 20h30 de la tarde, como suele suceder en “el Paco”, me parece algo maravilloso.

Y hablando de pagar: las cervezas y refrescos del aperitivo, calçots para todos, 3 fuentes de carne a la brasa, “mongetes tendres amb cansalada”, pan con tomate, vino, postres, cafés y licores por 30€ por persona…Habrá sitios más baratos, siempre los hay, pero más agradables y divertidos para una calçotada en medio de la montaña y cerca de Barcelona yo aún no los he encontrado.

El paller del Paco

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Milano Cocktail bar

Los lunes también existen.

Tantos años viviendo en Barcelona y siempre pensando que las actividades de ocio nocturno de esta ciudad entraban en un soporífero y lamentable letargo desde el domingo hasta el jueves siguiente; incluso hasta el mismo viernes en estos últimos tiempos de esta angustiosa y  selectiva crisis. Únicamente me parecía posible encontrar algo de ambientillo en algunas discotecas del puerto deportivo, frecuentadas fundamentalmente por visitantes extranjeros de fin de semana y trabajadores del sector hostelero que descansan los lunes.

Sin embargo, ahí apareció el lunes pasado la coctelería Milano. Un sitio relativamente nuevo con aires de coctelería clásica de toda la vida gracias a su estética de sofás de terciopelo rojo, la madera noble de su barra semicircular, el reluciente esmoquin blanco de sus bartenders y el agradable sonido de jazz que inunda invariablemente el local.

A través de unas amplias escaleras que conducen al sótano donde está ubicado el local, sentimos esa leve sensación de excitación que anticipa el placer de descubrir otro nuevo e interesante local donde compartir una buena copa y una agradable conversación.

Y es que el Milano es un local que se presenta ante nosotros como un sitio indicado para esa actividad tan agradable y estimulante de la seducción, una seducción fina, sin embargo, alejada de la oscuridad propia de algunos locales llenos de rincones y sombras donde la gente busca la intimidad y el anonimato. En el Milano todo está  a la vista: la espaciosa zona de lounge, su barra de bebidas y el pequeño escenario donde casi todos los días a partir de las 20h30 hay un concierto de jazz en directo.

El pasado lunes tocaban en directo los Francesc Capella Trio, con el fantástico Nono Fernández al contrabajo, con quién posteriormente tuvimos la fortuna de compartir un par de gintonics, risas y, por qué no decirlo, sentir la energía revitalizante que transmiten aquellas personas cuya vida ha dado un desafortunado e inesperado giro y, sin embargo,han sabido reponerse. Los Francesc Capella Trío nos ofrecieron durante algo más de una hora ua fantástica sesión de jazz con temas de John Coltraine, Charlie Bird y Duke Ellington entre otros.

Un acierto absoluto del Milano el de recuperar esa magnífica y erráticamente considerada “demodé” fórmula de cocktails&jazz, que es sin duda alguna uno de los aspectos más absolutamente diferenciadores y originales del local. Más si cabe, teniendo en consideración que su estructura de precios está a un nivel muy poco por encima de tantos y tantos otros locales de copas de la ciudad sin la presencia, ni el servicio, ni, por supuesto, actuaciones de jazz en directo a diario.

Para que os hagáis una idea más clara de los precios, os diré que el precio de los cócteles está entre 7 y 12 euros, y el de las copas, como es normal, en función del gin, ron o whisky que solicitéis: 8€ nos costó un gintonic de Seagram’s y 15€ uno de Plymouth. A los músicos y a lo buenos profesionales también hay que pagarles, claro está.

Y es que el servicio es otro de los aspectos más determinantes de este tipo de locales, donde la corrección y la profesionalidad de sus barmans ha de ser uno de los requisitos básicos e inexcusables de su carta de presentación. En esto el Milano tampoco falla. Lejos de artificios piruéticos y esnobismos desacertados, la elaboración de sus cócteles y combinados es atractiva y correcta sin exageración y acompañan todas las consumiciones con aperitivos variados (aceitunas gordal, patatas chips, frutos secos….); un pequeño detalle que no pasa  desapercibido en esta ciudad donde lo normal es que no te pongan de picoteo ni el pelo de una gamba. Otro claro ejemplo del estilo de servicio de sus barmans fue el insólito hecho de que ante la mala elección de un combinado por mi parte (Origengin, con ginebra seca, sirope de arce y tónica), cuyo desagrado ante su degustación no pude disimular; el barman tuviera el enorme detalle de cambiármelo inmediatamente por un clasico Seagram’s con peladura de lima y de limón, como a mi me gusta. No puedo asegurar que tal detalle sea un hecho generalizado, pero así fue en esta ocasión.

Así pues, queridos todos, os recomiendo que visitéis el Milano y os dejéis envolver de su clasicismo cincuentero, el buen servicio de sus barmans y la correcta elaboración de una larga lista de cócteles…Eso sí, hacedme el favor de ir a la hora de las actuaciones de jazz; preguntad el precio de las marcas de ginebra, ron o whisky denominadas premium; y sobre todo, sobre todo, sobre todo….tened mucho cuidado con dejaros llevar más de la cuenta por su ambiente acogedor, a mi me dieron rápidamente las 3 .

Milano Cocktail Bar;

(Ronda Universidad 35; junto a plza Cataluña. Abierto todos los días de 12 a 2h30)

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Las Fernández…

Cuando en un sitio reputado, con aforos completos a diario y la certeza de que acudir a cenar sin reserva es desperdiciar el tiempo, se te permite pasar a cenar al interior de su cocina, es que eres alguien con un poder de seducción increíble (que no es el caso de una servidora), o que tienes un excelente contacto en el interior; del tipo dueña o del tipo chef…yo por si acaso  ni Mú.

Lo primero que me agradó al entrar fue el ambiente. Ya había estado anteriormente, pero nunca había reparado tanto en ello, probablemente porque nunca pensé en tener que describirlo. Digamos que es un ambiente que te recuerda que es jueves, viernes o sábado noche. Es fin de semana y has salido a cenar, pero también a divertirte. Se respira ese aroma de los buenos garitos y discotecas donde entras y te cambia el humor… que se te pone cuerpo de flamenca,vamos.

Casi todos los comensales son de edades comprendidas entre los 25 y 40 años; la gente es modernita, cada uno a su estilo pero con personalidad; y se oye ese rún rún tan típico de algunas tabernas, alegre pero sin que llegue a ser molesto en absoluto….La estética es bastante ecléctica: color rojo intenso en sus paredes y una iluminación bastante íntima. El estilo propio del personal añade sin duda su granito de arena al aspecto final de Las Fernández, aunque eso ya no me atrevo a definirlo…

Pero hablemos de comida.

En concordancia con todo este mix de sensaciones estéticas y tendencias; el grueso de platos de la carta obedecen en su mayor parte a una fusión de comida tradicional mediterránea, productos típicos del Bierzo y la influencia de algunos elementos propios de una sociedad contemporánea y globalizada como la actual. Fusión sí, pero con raíces; lo cuál es absolutamente de agradecer en una ciudad tan de modas como Barcelona

Espectaculares y llamativas sus diferentes ensaladas no sólo a la vista sinó también al gusto: como la ensalada de brotes de espinacas, , burratina fresca italiana y una crema fría de remolacha y pimiento rojo que estaba riquísima. O También otra de rúcula con calabaza asada,frutos secos y virutas de parmesano que no caté, pero a la que no quité ojo de encima mientras la preparaban.

Curiosa también la mezcla de gambones flambeados con sobrasada y un riquísimo puré de patatas casero; o los pimientos rellenos de papas, salteado de espinacas y crujiente de pollo. Mezclas interesantes y variedad en los primeros platos.

Los segundos, no puedo negarlo, me sorprendieron menos que los primeros; aunque he de reconocer que no me arriesgué mucho a probar cosas nuevas…yo es que veo un magret de pato y se me nubla la vista……. y el raciocinio, porque cada vez que lo pido, luego me arrepiento.

Si es que el pato es lo que tiene, si te pasas de punto de cocción, aunque sea por un pelín, se queda duro y seco; pero si lo marcas bien por el exterior y lo dejas crudito por dentro como un tataki de atún(que es como está delicioso) te lo suelen traer frío. Teniendo el privilegio de comer en la cocina adivinaréis que me pasó lo primero; un pelín pasado de cocción para mi gusto, aunque las partes centrales estaban jugosas y mezclaban bien con la compota de arándanos y el puré. El otro segundo que probé era un salteado de ternera con gorgonzola que estaba correcto, aunque no soy muy amante del gorgonzola, la verdad.

Del servicio ni hablo: encantadoras la cocinera, las camareras y la dueña; todo simpatía y atención.Y de los postres,pues tampoco, puesto que los cambié al principio por la cecina de León que me encanta!!!

En definitiva, un sitio actual; divertido; con muy buen servicio, una carta variada con platos sorprendentes y también tradicionales y un precio medio bastante correcto que rondaría  los 25€.

Importante conocer su ubicación,  justo en medio de la república del Ravalkistán como ellas mismas dicen en su web; ideal para iniciar a pie el asalto nocturno del Raval. Eso sí, recordad que sin reserva no hay tu tía…….

Calle de las Carretas nº11, Distrito: El Raval; tlf: 934 43 20 43

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La incomprensible moda de las hamburguesas

Partamos de la base de que cada uno es libre de hacer lo que quiera con su dinero, y en consecuencia, disfrutarlo acumulándolo bajo el colchón o gastándolo en lo que más le plazca. Sigamos defendiendo la libertad individual de que cada persona es un mundo y cada mundo tiene sus reglas, sus hábitos y sus costumbres… y a partir de aquí dejadme que dé mi opinión sobre la implacable e irracional moda de los locales de hamburguesas en Barcelona.

Ahora resulta que la gente se vuelve loca por las hamburguesas en esta ciudad. Está de moda. Y claro, los empresarios con olfato han dicho “esta es la nuestra, nos vamos a forrar”; porque las burguers son muy baratas y su proceso de elaboración es inexistente.

De repente han aparecido en los últimos 2 años más de 10 sitios, con difusión y “aparente” reconocimiento, especializados en la elaboración de algo tan gastronómicamente complicado como las hamburguesas: que si de buey, que si de Guayú, que si de ternera de Nebraska, que si cocinadas estilo barbacoa, que si con pan de semillas….. Que si SIN KETCHUP!!! Válgame Dios!!!!!

Estamos tontos o estamos tontos, que decía un amigo mío. Somos capaces de aceptar que un albóndiga enorme y aplastada de carne picada se convierta acaso en un ejemplo actual de nuestra gastronomía más cool. Y además permitimos que algo tan simple como comprar una buena carne picada, un pan rico, un correcto punto de cocción y  queso fundido cueste un mínimo de 9€, bebida a parte of course…..

Pues sí, no sé en otras ciudades, pero en Barceloa así es: Meatpacking; el filete ruso; el jazz, el big J’s; el kiosko; pim pam burguer; bacoa; betty ford’s bar etc; son algunos de los lugares más conocidos; pero no dejan de aparecer muchos más…

Cuando era pequeña, mi padre iba al mercado los sábados y le decía  a la carnicera que de la pieza de carne que más le gustaba le hiciera unas hamburguesas; ahora resulta que algo tan sencillo y antiguo se ha convertido en una moda, y mi padre sin saberlo, coñe!!!

En fin, y para acabar, que las burguers están ricas, pero que si en esta ciudad tenemos que pasar de los frankfurts a los kebabs; de los kebabs a las burguers; y de las burguers a sabe dios qué cosa que esté metida entre 2 trozos de pan: por favor que alguien tenga la lucidez mental y el buen criterio de que lo próximo que se ponga de moda sea un buen bocata de jamón ibérico de bellota con pan con tomate.

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Xiringuito Escribà

En la gastronomía española existen algunos platos tan absolutamente representativos y tradicionales que parace que todo el mundo sepa prepararlos de forma acertada; y lo cierto es que no hay nada más alejado de la realidad…

Este es el caso de la archiconocida tortilla de patatas, tan famosa y aparentemente fácil de preparar; pero cuyo resultado final es todo un ejercicio de misteriosos truquitos personales( batir yemas y claras a parte; confitar la cebolla, pochar la patata, etc)…no hay 2 iguales. Para mí, la mejor tortilla es la que prepara mi amigo Antonio, no he probado ninguna otra con ese punto de esponjosidad y sabor.

Otro ejemplo es, indudablemente, la paella; abanderada por antonomasia de la gastronomía patria. Cómo preparar la paella y sobre todo dónde quedar con los amigos el domingo para degustarla es otro de los temitas de extrema delicadeza y mayor sana polémica que se me ocurren. Probablemente pensaréis que estoy exagerando, pero es que en el tema de los arroces,más si cabe que en el de la tortilla de patatas, cada maestrillo tiene su librillo…y sus preferencias. 

Ayer Sábado fui a comer al Xiringuito Escribà del que tanto y tan bien me habían hablado algunos amigos. Este restaurante marinero está situado en la playa de Bogatell y pertenece a la familia Escribà, fundadores y propietarios de la más reputada y prestigiosa pastelería de Barcelona. El sitio es mono, emplazado en el paseo marítimo de Barcelona y con bonitas vistas al mar. Está de moda, como puede observarse por el perfil de clientes que lo visitan: “guiris” y gente guapa de edad comprendida de entre 30 y 45 años.

Pero vayamos al grano y hablemos de la comida:

– Entrantes: carísimos en mi opinión,ya que pagamos 14€ por un surtido de 8 croquetas que no eran nada del otro mundo, incluso las de jamón tenían un punto rancio; y 9€ por unas bravas sin misterio que podrías comerte en cualquier “Bar Manolo” de barrio.

– El Arroz: pedimos un arroz negro para 6, que tardaron en servirnos unos más que razonables 20 minutos. De entrada el concepto de paella parecía muy satisfactorio, al más puro estilo valenciano: paellera grande y capa fina de arroz( un dedo de espesor aproximadamente). Decidimos comerlo al estilo tradicional valenciano de paellera al centro y cada uno con su cuchara de madera. El resultado final, sin embargo, no fue tan satisfactorio como el concepto,quedándose en simplemente correcto. El punto de cocción del arroz algo corto,la sepia dura,poca cremosidad y exactamente 8 almejas contadas. Ni una gamba a la vista… Su precio, 18€ por ración.

– El servicio: totalmente acorde con el nivel general de la hostelería en Barcelona y los sitios de moda: camarero serio como un palo y poco atento.

Al final acabamos pagando 30€ por persona sin vino ni postres, lo cuál da pistas de a cuanto puede salir el tema si uno va a darse un homenaje y se pide vino, postres y cafés…..

Así pues, amigos, tendremos que seguir buscando el sitio ideal para ir a comerse una paella,fideuà o arroz negro los domingos; puesto que el Xiringuito Escribà es mono y correcto, pero caro a mi entender en cuanto a la relación calidad precio. El restaurante Sheriff o el Kaiku en Barceloneta parecen tener muy buena prensa; habrá que seguirles la pista….

Aceptar

(Playa de Bogatell, Ronda Litoral 42, Distrito Poble Nou)

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Bar Prada

El objetivo de este blog es, como sabéis, dar una mayor visibilidad a lugares de Barcelona donde poder disfrutar de buena comida, buenos tragos y un ambiente agradable.

La tendencia de la hostelería en esta ciudad es que el espacio, la estética y la decoración de los bares y restaurantes cada vez esté más cuidada; aunque esto ocurra en detrimento de lo verdaderamente esencial: la calidad de la comida y del servicio.

El Bar Prada es la antítesis de esta tendencia generalizada, ya que si fuera por su estética y aspecto exterior estoy seguro de que no entraríais; nada que ver, sin embargo, con la comida y el servicio que recibiréis en su interior.

El Prada, como le conocemos los clientes habituales, es un bar de barrio con una estética de lo más sencilla; lo que conocemos como un bar de toda la vida; pero con una riquísima comida tradicional. No se puede dejar pasar la oportunidad de comer el queso curado zamorano, el lacón plancha, los callos de ternera y la mejor morcilla con cebolla confitada que he probado en toda mi vida.

Para acompañarlo suelen tener un vino joven de Protos o un D.O. Toro,Colegiata,  correctos y con un precio más que aceptable. El Bar Prada es un sitio baratísimo dónde podéis comer un menú por menos de 10€ y tapear hasta hartaros por menos de 15.

Además, y por si fuera poco, su propietario representa la mejor versión de una buena atención al cliente: servicial, amable, educado y simpático…. El mejor ejemplo de conservación de los viejos valores entre tanta modernidad y poca profesionalización.

(Calle Salvà 18, Distrito Poble Sec)

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